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24
nov

Carmen Alicia Castillo

Después de un diagnóstico de cáncer, tres procesos quirúrgicos y terminando el ciclo de radioterapia en mi mama derecha, el 29 de septiembre de 2013 llegué al Jardín de las Esculturas (Parque del Este – Caracas) cargada de miedos y pesares, buscando fuerzas para retomar mi vida. Allí, en medio de mi primera sesión risas, reencontré el oxígeno, la luz, la paz y el afecto que se me habían extraviado. Descubrí que tenía demasiado tiempo devolviendo mecánicamente las sonrisas que recibía; que hacía semanas -tal vez meses- que no había reído desde adentro. El aplauso de bienvenida, las carcajadas y las simulaciones de los reidores lograron dibujar una sonrisa más verdadera en mi rostro. Me dejé abrazar por la cálida energía que emanaba del grupo y fluí con los reidores. La magia de la risa me atrapó y me convertí en reidora dominical asidua al Parque.

A partir del constante entrenamiento de la risa y la respiración consciente, progresivamente, he ido asumiendo que verdaderamente puedo reírme de todo y de nada, inclusive de mí misma. Ahora mi risa no depende de eventos extraordinarios que la motiven. Cada mañana, al abrir los ojos agradezco a Dios y bendigo el nuevo día. Me miro en el espejo y me digo: Carmen Alicia, ¡que la risa te acompañe!

Adicionalmente, pregono mis afectos mediante risas, palabra y abrazos. Por su puesto que también he reaprendido a quererme, a querer y dejarme querer. Gracias a Venezuela Riendo y a mi querido Maestro Jesús Reggeti, he aprendido que la risa es un Don que hay que compartir, pues constituye una medicina para el alma y para el cuerpo: Tenemos el poder de sanar RIENDO.

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